Tras la partida de Siro, cuando por fin el frío comienza a retirarse del páramo, Fortuna decide reemprender el viaje y seguir con su pesada responsabilidad: la misión, ese faro que siempre ha guiado sus pasos. Sin embargo, ahora todo se siente distinto. Sabe que durante todo ese tiempo hubo alguien velando por ella, alguien cuyo amparo daba sentido a su valentía... y que ahora esa protección se ha desvanecido. Si antes el peligro era una presencia constante, ahora el paisaje parece aún más hostil, más afilado. Y entonces ocurre lo inevitable. Fortuna se quiebra. Siente que toda su vida no ha sido más que un engaño. La duda se instala en ella y comienza a preguntarse si realmente vale la pena seguir adelante. Lo que ignora, lo que todavía no puede ni imaginar, son las consecuencias del nuevo rumbo que está a punto de tomar, un camino que podría cambiar no solo su destino, sino el de todo aquello que alguna vez amó.